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LA DISCUSIÓN CONCEPTUAL. EL SISTEMA POLÍTICO – por Sergio Tamer

 

LA DISCUSIÓN CONCEPTUAL. EL SISTEMA POLÍTICO

 Por Sergio Tamer*

Sumario

 

I – Introducción: las lecciones

II – “Cuando hablamos de ciencia política, ¿de qué hablamos?”- en Manuel Alcántara Sáez

II.1. – Elementos de ciencia política

II.1.a.  Las diferentes visiones del objeto de estudio

II.1.b. “Todo el conocimiento es público.”

II.1.c.   Los modelos teóricos del análisis político

II.2. – La ciencia política aplicada y la política comparada

II.2.a. El sistema político

II.2.b  La teoría de sistemas

II.2.c  La política comparada como instrumento metodológico

II.3. – La ciencia política y su papel en la enseñanza y en la investigación en Iberoamérica.

 

III – “Gobernabilidad, crisis y cambio”, en Manuel Alcántara Sáez

III.1. –         El sistema político

III.2. –         Corrientes explicativas

III.2.a. –      Los funcionalistas

III.2.b. –      La importancia de la cultura política

III.2.c. –      La elección racional

III.2.d. –      La teoría de la organización

III.2.e. –      Las teorías grupales

III.2.f.  –      Las teorías estadistas o estadocéntricas

III.2.g. –      El institucionalismo

III.3. –         Definición y elementos constitutivos

 

IV – “La política como ciencia”, en Miquel Caminal

IV.1. –         La realidad política y el análisis de la política

IV.2. –         El objeto de la ciencia política y su autonomía como ciencia social

IV.3. –         La política como ciencia

IV.4. –         La doble cara de la política

 

V – “La política como ciencia”, en Giovanni Sartori

V.1. – Apuntamientos preliminares

V.2. – Filosofía, ciencia y teoría

V.3. – Investigación y aplicabilidad

V.4. – La línea divisoria lingüística

V.5. – Cientificidad y no valorabilidad

 VI – Conclusiones

   

I – Introducción

Una breve lectura de las lecciones

  

Este trabajo intenta resumir, en ingente pero enriquecedora tarea, tres de los más destacados textos de politólogos europeos, quizá los más fecundos  de la literatura política. Sus autores son tres personalidades conocidas en el ámbito de las ciencias políticas, con decenas de obras referenciales y en ese paso consultadas obligatoriamente en las principales bibliotecas de organismos internacionales, institutos, universidades y centros de pesquisa. Son, por todo ello, autores consagrados internacionalmente: MANUEL ALCÁNTARA SAEZ, MIQUEL CAMINAL BADIA y GIOVANNI SARTORI.

Para no perderse el hilo conductor que hay entre los textos analizados e resumidos,  adoptamos la misma secuencia lógica y la misma disposición de las materias enfocadas. En algunos casos mantuvimos los mismos títulos empleados por los autores de suerte a no perderse el foco principal de los trabajos originales. Las frases entre comillas sirven para dar más énfasis a los asuntos pero serian de todo dispensables una vez que en este resumen utilizase muy a menudo  palabras y expresiones de los propios autores para que el pensamiento expuesto no quedase perjudicado por expresiones inapropiadas. Demás de ello, son cuatro textos de grande complejidad e la utilización de palabras y hasta frases enteras de los autores visan a no desfigurar el cerne de los temas tratados bien como la su adecuada comprensión y precisión terminológica.  

El primer texto hace una visión magnífica de algunos dos más expresivos elementos de la ciencia política y de la política. Cuando hablamos de ciencia política, ¿de que hablamos? – es una obra fundamental para el estudio da materia pues profundiza, con clareza y estilo,  temas de grande utilidad para la ciencia política, y en especial para la práctica docente e investigadora. El método comparado gana destaque en este texto y es apuntado como una de las ramas principales en el estudio académico de la política.

El sistema político tiene en el texto siguiente – Gobernabilidad, crisis y cambio – una de sus más completas abordajes mediante el análisis de las principales corrientes explicativas para, por fin, el autor aducir una fundamentada definición de sistema político, de ella extrayendo sus elementos constitutivos.

Los dos últimos textos tratan de la política como ciencia, pero con enfoques diferentes. Mientras BADIA hace una vigorosa incursión pelos meandros de la realidad y del análisis de la política, bien como sobre su objeto y su autonomía, hasta su relación de poderes y como gobierno – SARTORI  demarca de manera insuperable la línea entre filosofía y ciencia para más adelante desvelar los caminos de la ciencia política, sobretodo en su método de investigación,  aplicabilidad y control.

  

II – “Cuando hablamos de ciencia política, ¿de qué hablamos?”*[1]

  

II.1. – Elementos de ciencia política

 

El texto de SÁEZ intenta, en uno primer momento, “documentar el núcleo formal de la ciencia política” e para lo tanto toma dos indicadores de mensuración: (a) la docencia y las líneas de investigación en la comunidad científica iberoamericana; y (b) las líneas de investigación en tres  de los polos fundamentales de la comunidad internacional.

El autor deduce, al par de eso,  que  la diversidad tanto del objeto de estudio como de los métodos existentes no autorizan decirse que la ciencia política posee una “debilidad epistemológica”, todavía reconoce existir una cierta perplejidad cuanto à esa cuestión. Pero, por ser así, no se puede referirse a la ciencia política como una materia “homogénea e racionalizable”. La nueva configuración de la ciencia política apunta para algunos de sus “subdominios” más preeminentes: Administración Pública; Estabilidad Política; Inestabilidad y Cambio; Metodología; Política Comparada; Política Nacional; Políticas Públicas; Relaciones Internacionales; y Teoría Política. Así, pasa a ser dirigida  para la obtención del conocimiento “de tradiciones de disputada política” con los siguientes objetivos: (a) el de clarificar las ideas sobre el mundo político; y (b) el de hacer explícita la naturaleza de las formas políticas y de sus consecuencias para la acción.     (Sáez, 1993:149)

 

II.1.a.          Las diferentes visiones del objeto de estudio

 

En este punto, el autor pasa a analizar, en MARCH y OLSEN, los diferentes “estilos teóricos” de la ciencia política contemporánea que, en verdad, representan diferentes visiones del objeto de estudio y que van desde el “contextual” al “instrumentalista”, pasando pelos estilos “reduccionista”, “utilitario” y “funcionalista”.  También en RICCI, JONSON y ALMOND san recogidos conceptos que procuran justificar aquellos que serian los diversos enfoques de la ciencia política. Pero es en POPPER que el autor va buscar la conceptualización que mejor se aprehende la realidad política, o sea, “lo que la ciencia política debe explicar”: un sistema de equilibrio entre la libertad y el control. Por fin, la critica de ALMOND y GENCO es destacada por SÁEZ, sobretodo cuanto a la tendencia de la disciplina hacia los análisis cuantitativos, una vez que aquellos se muestran favorables a una ciencia que tenga compromiso a explorar e “intentar entender un segmento dado de la realidad empírica”.

 

II.1.b.  “Todo el conocimiento es público”

 

Al partir de la suposición  doctrinal de que “todo el conocimiento es público”, SÁEZ desvela la idea central de ZUCKERMAN cuanto a ese significado para, más adelante, decir que las explicaciones forman el núcleo básico del análisis político una vez que san el resultado del proceso de demostración de los fenómenos o “conjunto de sucesos políticos que se analizan y que representan un escalón de un proceso general”. Empezase la explicación, por consiguiente,  a partir de hipótesis que muestren la relación entre los fenómenos, las variables dependientes y las variables explicativas o independientes. Para cada hipótesis debe haber una hipótesis más amplia, por categoría de explicaciones, y así sucesivamente hasta la teoría. Las hipótesis deben, a ese paso, comprobarse con la evidencia empírica bajo pena de no la tenerse o de no tenerse ningún tipo de explicación. Los politólogos, además, trabajan con definiciones (que pueden ser abstractas y operacionales) que san importantes en la utilización de los conceptos.

 

II.1.c.    Los modelos teóricos del análisis político

 

          De entre los modelos teóricos del análisis político apuntados en el texto y que, en la concepción de SÁEZ, mejor ofrecen sugerencias para la investigación están: (1) las teorías estructurales donde se da cabida a los trabajos de MARX; (2) la investigación y metodología de WEBER; (3) la teoría de la elección racional que tiene sus raíces en la economía; y (4) el estudio del comportamiento político y de las actitudes que explora, con hipótesis e métodos prestados de la psicología, cómo las variaciones en las  creencias y percepciones afectan a la manera como los individuos participan en la política.

Ante todo, SÁEZ concluye que “las diferencias teóricas que presentan los cuatro grupos de teorías recién enunciadas  ponen de relieve la posibilidad de abordar un mismo fenómeno desde posiciones distintas sin que ninguna hipótesis sea tan débil que niegue la utilidad de su aproximación teórica o provoque a los miembros de la escuela de investigación que la propugna que abandonen dicha aproximación y sin que ninguna hipótesis sea tan fuerte que obligue a su incuestionada aceptación.” SÁEZ, por fin, aboga una visión comparada de la disciplina y “el necesario entrecruzamiento de los dispares utensilios metodológicos.”

 

II.2. – La ciencia política aplicada y la política comparada

 

La crítica consiste en que la ciencia política se ha preocupado por la descripción y la explicación de los fenómenos, pero apenas han entrado en un tercer estadio que representaría su predicción, aspecto que haría el trabajo significativamente más transcendente, útil e interesante.

SÁEZ acentúa que la ruptura da brecha existente entre la teoría y la práctica de la ciencia política haría que la teorías reflejaran con mayor precisión la realidad. Por lo demás, añade que “no se ha prestado tanta atención a la democracia como proceso continuo de elaboración de políticas, donde el asunto clave es el de una relación estructurada entre los principales grupos organizados de la sociedad civil y el proceso de instrumentación de las políticas adoptadas.”

 

II.2.a.                  El sistema político

 

A lo más una definición de “sistema político” pasa necesariamente pelo conjunto formado por los siguientes elementos, los cuales están entrelazados por una determinada “lógica” de actuación: (1) los elementos institucionales que representan los poderes políticos y sus reglas de interacción; (2) los actores institucionalizados en que la sociedad se organiza para transmitir sus demandas, influir y modificar en las decisiones del gobierno; (3) los valores de los individuos y de los grupos sociales que componen la sociedad; y (4) el “entramado internacional” en que se encuentra inmerso un sistema político de “carácter nacional”.

No amago del sistema político es generado un movimiento esencial que alimenta su funcionamiento y que consiste, de un lado, los flujos existentes de la sociedad para con el régimen político y, de otro, los flujos existentes del régimen político hacia la sociedad representados por las políticas públicas. Esta relación tiene una influencia directa en la vida del sistema político y, segundo SÁEZ, conforma el universo de las relaciones conceptuales entre legitimidad, apoyo, eficiencia, efectividad y eficacia. Además, influencia la propia gobernabilidad del sistema.

 

II.2.b.                  La teoría de sistemas

 

¿Qué anima la fuerza explicativa de la teoría de sistemas? COTARELO afirma que esta viene “del hecho de que parece haber dado con los mecanismos reales del fenómeno del poder, esto es, el proceso político de las decisiones (…) en ser capaz  de aprehender los sistemas políticos en movimiento, lo que constituye un auxiliar precioso para entender el proceso político en toda su complejidad”. De hecho, la política comparada, como campo de estudio, trata, segundo SÁEZ, de tres asuntos fundamentales para el sistema político: (1) la interpretación de la relación entre la sociedad y la política; (2) la identificación de los tipos de sistemas políticos más importantes; y (3) la comprensión del efecto de la política en la sociedad. Así, los sistemas políticos deben hacer una aproximación de estos tres vectores como instrumentos para la consecución de objetivos sociales. 

 

II.2.c.                  La política comparada como instrumento metodológico

 

Comparar las formas en las que las distintas sociedades se enfrentan a problemas diferentes y al interés particular del papel de las estructuras políticas afectadas – es la esencia de la política comparada como instrumento metodológico. El autor destaca su importancia para aplicación en el ámbito iberoamericano. El método comparado surge como uno intermedio, capaz de enfrentarse a la evaluación de hipótesis, aunque con mayor debilidad que lo pudieran hacer el método estadístico y el experimental y más eficacia de la alcanzada por el de estudio de casos.

La descripción de los hechos san importantes en la medida que pueden  integrarse en una teoría explicativa. Los estudios de caso de países individuales tienen valor cuando suscitan generalizaciones que pueden aplicarse lógicamente a otros conjuntos nacionales. Las naciones san, entonces, utilizadas como grupos de variables contextuales en la búsqueda de explicar procesos y patrones de comportamiento genéricos. Explicar la política es lo que importa, así entendida la habilidad de demostrar por qué los fenómenos ocurren o de predecir sucesos futuros con una cierta probabilidad de éxito. Evidenciase, en este punto, a importancia de un conocimiento empírico, basado en la observación y en la experiencia, sin embargo de la contribución de los otros métodos.

 

II.3. – La ciencia política y su papel en la enseñanza y en la investigación en Iberoamérica.

 

En esta parte final del texto, el autor hace una reflexione  sobre las relaciones entre la disciplina, los profesionales que se dedican a su estudio y el ámbito de su desarrollo. La finalidad de la disciplina en las sociedades iberoamericanas es una cuestión intrigante, pero hay tres premisas para lo tanto: (1) el hombre, objeto básico de estudio, plantea una enorme diferencia en cuanto al objeto de cualquiera de las ciencias naturales, dado el su comportamiento libre y imprevisible; (2) la ciencia es una actividad o un proceso y no un producto lógico que da salida a determinadas leyes  de acción; y (3) los peligros que acarrea un escenario político definido por la arbitrariedad y la sistemática violación de los derechos humanos.

SÁEZ pondera que la discusión, en este punto, puede hacerse en torno de dos ejes clásicos: (1) la ciencia política aplicada en la dirección ya señalada con anterioridad y sen caer necesariamente en un utilitarismo extremo; y (2)  la búsqueda de un espacio en las opciones de ofertas de la enseñanza y de la investigación, volcadas para una formación general moderna.

Para SÁEZ, los politólogos deberían  asumir una situación doble definida por el “para qué” de su actividad y el “a través de qué medios”.

 III – “Gobernabilidad, crisis y cambio”*[2]

 

 III.1. –       El sistema político

 

La funcionalidad y la capacidad de logro del sistema político y de sus partes, y el sistema electoral, son, bajo el punto de vista de la gobernabilidad, los elementos que se ponen en el centro de la atención. El sistema político compone la unidad de análisis, el papel que en él desempeña la política económica, los productos del sistema (políticas públicas), y su interrelación mutua. La capacidad de actuar del sistema, así como a de obtener los resultados esperados, son analizados en ámbito de su rendimiento.

 

III.2. –        Corrientes explicativas

 

Bajo una perspectiva de política comparada, el estudio de la ciencia política tiene diferentes corrientes interpretativas y, en algunas medidas distintas, llegase a siete aproximaciones, como siegue: funcional, cultural, elección racional, de la organización, grupo-conflicto, Estado-céntrico e institucional. Estas corrientes forman el cuerpo teórico de la ciencia política e cada cual reivindica su posicione más correcta.

Siguiendo el trabajo formulado por SÁEZ, apoyado en HALL, vamos observar, en la secuencia del texto, las características más relevantes de estas aproximaciones y su proceso de relación entre el sistema político y sus productos, in casu , las políticas emanadas.

 

III.2.a. –     Los funcionalistas

 

La vida política, para los funcionalistas, debe entenderse como un todo orgánico con frecuentes interacciones de modo a que “las acciones del Estado se explican por las funciones que llevan a cabo para la estabilidad o supervivencia del sistema político en su totalidad.” Las políticas económicas deben tener un doble papel: el de acumulación y el de legitimación. Valorizan demasiado el equilibrio descuidándose del cambio social. Son imprecisas las funciones asignadas al Estado. No tienen en cuenta, los funcionalistas, el contexto internacional o los factores exógenos que afectan los componentes de un dado sistema político. 

 

III.2.b. –     La importancia de la cultura política

 

Explica las políticas nacionales divergentes enfatizando los diferentes hábitos mentales de sus ciudadanos y dirigentes. Una notoria serie de condicionamientos estructurales gravita sobre los procesos políticos llegando a explicar su contenido y su forma de comportamiento. Hay un cierto determinismo que ignora la presencia de otros elementos. La cultura, en el mundo actual, se encuentra sesgada por influencias internacionales que desvirtúan la existencia de características nacionales singulares. Los patrones de comportamiento tornaran se más universales.

 

III.2.c. –      La elección racional

 

La diferencia, aquí, en relación al análisis culturalista, es que la unidad de análisis la constituyen los individuos concebidos como actores racionales. Conduce a un individualismo metodológico que tiene por base que todos los fenómenos sociales se derivan de las propiedades y de los comportamientos de los individuos. Las decisiones políticas mejor se explican como el resultado de un concurso lúdico. Los individuos a la búsqueda del poder, o las instituciones actuando como individuos, compiten por los recursos y por el apoyo de los electores quienes también buscan maximizar sus recursos personales. Los actores pueden ver influenciadas sus preferencias en función del esquema institucional adoptado y de las constricciones generadas por él mismo.

 

III.2.d. –     La teoría de la organización

 

Esta teoría intentaba combinar modelos de comportamiento de actores racionales con una comprensión más completa del efecto de los medios organizativos en tal comportamiento. Las políticas, bajo ese ángulo, son vistas como el producto de una racionalidad que está acotada por la aplicación de un conjunto más limitado de reglas decisionales y por el efecto de la agregación organizativa del tipo encontrado en muchos escenarios de hacer política. Tiene dificultad en explicar el hecho de que “la forma en que la gente actúa no es necesariamente la manera en que debería comportarse.

 

III.2.e. –      Las teorías grupales

 

La política, para las teorías grupales, es el resultado directo del enfrentamiento grupal. El interés, como fuerza propulsora primaria, la configuración del poder y de ahí la ideología, los valores, la organización formal de la toma de decisiones políticas y el propio contenido de las decisiones – son elementos de ese conflicto de los grupos o clases sociales con la política. La gobernabilidad se encuentra relacionada con la permanente superación del conflicto que atenaza a la sociedad de manera también constante. En gobiernos democráticos esta situación conduce a la formación de coaliciones. Y en situaciones no democráticas o de crónica inestabilidad democrática, la gobernabilidad casi siempre es garantizada  pela fuerza.

 

III.2.f.  –     Las teorías estatistas o estadocéntricas

 

La política no es una reacción primaria a la presión de los grupos sociales interesados. Sugieren que el Estado debería contemplarse como algo mucho más autónomo de la presión social. El Estado tiene intereses y preferencias políticas propias así como la capacidad para imponer estas preferencias contra la resistencia de la sociedad.  KRASNER (1978), SACKS (1980) y NORDLINGER (1981). Esa primacía lleva a confundir el Estado con el sistema político. El Estado es una variable que modela pero también es modelado por las fuerzas sociales.

 

III.2.g. –     El institucionalismo

 

Enfoca el papel de las instituciones en la determinación de la política. Conforme sus varias definiciones, son un entramado formal que afecta a los individuos en la esfera de la política y de la economía. Tiene por principal papel reducir la incertidumbre estableciendo una estructura estable para la interacción humana. Los factores institucionales tienen dos papeles: (1) la organización en el proceso de toma de decisiones políticas afecta al grado de poder que cualquier conjunto de actores tiene sobre los resultados de la política; y (2) la posición organizativa también influye en la definición del actor  de sus propios intereses mediante el establecimiento de sus responsabilidades institucionales.

 

III.3. –                 Definición y elementos constitutivos

 

El texto objeto de ese breve resumen apunta los siguientes elementos  para un concepto concreto de sistema político: (1) lo integran los elementos institucionales (régimen político); (2) los actores institucionalizados en que la sociedad se organiza ya sea de manera activa o pasiva, para transmitir sus demandas, influir y modificar en las decisiones del gobierno; (3) los valores de los individuos y de los grupos sociales que componen la sociedad en cuanto a la comprensión de la actividad política se refiere; y (4) la existencia de un sistema político “de carácter nacional” se encuentra inmerso en el entramado internacional, del cual puede recibir influencias.

Para SÁEZ, el estudio de la gobernabilidad puede realizarse teniendo en cuenta cada uno de los citados cuatro campos y sus elementos integrantes mínimos que se resumen en: (a) régimen político, integrado por el Estado, poderes  y su entramado institucional, la Constitución Política y las leyes fundamentales reguladoras de la política, la sociedad y la economía; (b)  los actores sociales, en los que se den cabida los partidos políticos, los grupos de presión y los movimientos sociales; (c) la cultura política; y (d) el escenario internacional.

 

IV – “La política como ciencia”, en Miquel Caminal Badia*[3]

 

IV.1. –        La realidad política y el análisis de la política

 

El autor, en este su primero título, hace un corte epistemológico sobre la materia para, siguiendo CERRONI, preguntar: Es posible una política como ciencia? O formulada por él propio de forma más general: Es posible un conocimiento científico de la realidad política?

El autor constata los increíbles avances producidos en la tecnología y electrónica con los progresos más modestos en las ciencias sociales. [4]

Al  definir realidad política como referente a fenómenos sociales que han sucedido o están sucediendo y que son propios de la política, CAMINAL BADIA  añade que el análisis racional de la política nos permite acercarnos a la comprensión de lo sucedido y de lo que acontece, teniendo en cuenta una doble consideración: (a) – la dependencia de la información y (b) – el pluralismo inherente a la interpretación.

Aun en este título, CAMINAL BADIA destaca que COMTE y MARX fueron los inspiradores de dos concepciones de la sociedad que se distinguían en función de su teleología. Siguieron caminos paralelos que en muchos aspectos eran complementarios. Así, Liberalismo y socialismo han sido las grandes panideologías, impulsoras y legitimadoras de los cambios en la sociedad y el Estado.

En el ese panorama, afirma que el problema que debe resolver el politólogo es cómo comprender científicamente la realidad política y sus procesos de cambio. Para tanto, plantea las siguientes cuestiones: 1. Qué se entiende por realidad política? 2. Cómo puede estudiarse y  con qué metodología?  3.   Cuál es el objeto del análisis político?

 

IV.2. – El objeto de la ciencia política y su autonomía como ciencia social

 

CAMINAL hace, aquí,  una breve retrospectiva a respecto de  las revoluciones metodológicas en la prehistoria de la ciencia política. Con efecto, ellas se caracterizan por la delimitación del objeto. Ocurren, entonces, dos rupturas esenciales: – la ruptura entre pensamiento político clásico y pensamiento político moderno;  (b) –   la separación entre pensamiento político y ciencia política. Entretanto, mismo con esa ruptura, el centro de interés aun se encontraba en la legitimidad del poder del Estado.

La politología, sin embargo, solo nace y se desarrolla como ciencia cuando consigue acotar  su objeto y, en cierta medida, distanciarse del Estado.

 Entonces, la aparición y desarrollo de la politología como ciencia social se da cuando el Estado liberal ha avanzado hacia formas liberal-democráticas. Esa democratización crea las condiciones para el nacimiento y desarrollo de una ciencia política[5].

Con efecto, el poder, el Estado o, incluso, el gobierno ya no ocupan todo el espacio del análisis político y ceden una parte del mismo a la organización y funcionamiento del sistema político.

Para el autor, éste es el momento que da sentido al nacimiento de la ciencia política y a su separación de lo que se llama pensamiento político moderno.

Por meo del método empírico y de las técnicas estadísticas  la ciencia política pasa a estudiar, también, el proceso político, las instituciones, la administración y el sistema político como un conjunto cohesionado.

 

IV.3. – La política como ciencia

 

El profesor CAMINAL señala  que en los años cincuenta, la American political science era ya una disciplina consolidada en EEUU, impregnando a la ciencia política de una concepción empírico-analítica. Sus estudios se volvían à teoría política, política interior, política comparada y política internacional.

Mas, como definir ciencia política?

CAMINAL a define como un todo interdependiente cuyas partes, con sus respectivas subáreas, son: metodología política, historia de las ideas políticas, teoría política, política interior, política comparada, política internacional, ciencia de la administración y análisis de las políticas públicas.

 

IV.4. – La doble cara de la política: la política como relación de poderes y la política como gobierno.

 

El dilema, para CAMINAL, está en circunscribir el objeto nuclear de la ciencia política en (1) – la teoría, acción, y procesos de gobierno en uno o varios sistemas políticos comparados dentro del proceso político internacional; o en (2) – generalizar el objeto de la ciencia política considerando la política como un fenómeno que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida social.

Advierte, con todo, el riesgo de querer abarcar el todo, confundiéndolo con el propio objeto de conocimiento.

Lo objeto central de la ciencia política está en descubrir y explicar cómo se gobierna una sociedad determinada. No será posible avanzar en esta dirección si no se trascienden las fronteras artificiales entre lo político y lo económico, entre lo político y lo cultural, pero sen una presunta  superioridad de la ciencia política a las demás ciencias sociales.

[6]

Hay un segundo nivel de manifestación de la política formado por un conjunto de actores formalmente no políticos.

El tercer nivel incluye los dos anteriores, lo forma la propia sociedad civil como conjunto interinstitucional (Friedland y Alford, 1991).

En fin, para CAMINAL, la política y la ética pueden ser coincidentes pero la política de los modernos es ante todo independiente de la ética.

V – “La política como ciencia”, en Giovanni Sartori*[7]

 

V.1. – Apuntamientos preliminares

 

SARTORI hace un histórico sobre los primordios de la ciencia para decir que “no hay ciencia propiamente dicha sin método científico”, todavía es un método múltiple y encontrase en continua evolución. En que pese su insatisfactoria cientificidad, MOSCA, PARETO y MICHELS  han hipotetizado y  teorizado tres leyes de la política, respectivamente: (1) la ley de la clase política; (2) la ley de la circulación de las élites; y (3) la ley de hierro de la oligarquía. SARTORI recordó que cerca de un siglo se habló de “ciencia política” para calificar la confluencia entre un modo autónomo de estudiar la política (parte subjetiva) y una política vista en su propia autonomía (parte objetiva). Por un modo autónomo de estudiar la política quiere decirse que el politólogo nos es un filósofo, no es un jurista, no es un economista y no es un sociólogo. Y una política vista en su propia autonomía significa que la política tiene sus imperativos, sus “leyes” y que no es reductible a otra cosa. Hube varias separaciones, todavía la decisiva fue la separación de la filosofía que hizo posible el surgimiento de una ciencia política en el sentido lato.

 

V.2. – Filosofía, ciencia y teoría

 

Después de hacer una pregunta más general (¿en qué consiste la filosofía en su diferencia con la ciencia?) – SARTORI hace una pregunta más específica: – ¿qué diferencia a la filosofía (de la) política de la ciencia (de la) política? – para decir que  la filosofía puede ser vista como un contenido de saber y/o como un método de adquisición de ese saber, sendo para eso válido partir de la individualización de los contenidos que se repiten y caracterizan al filosofar. BOBBIO sigue esta vía al reducir la filosofía política a cuatro grandes temas de reflexión que son la búsqueda por: (1) la mejor forma de gobierno y de la república ideal; (2) el fundamento del Estado y justificación del compromiso político; (3) la naturaleza de la política en su esencia; (4) análisis del lenguaje político. Los temas filosóficos son diferentes de los temas del politólogo porque los criterios y objetivos del primero no son los del segundo. La línea divisoria reside en el “tratamiento” y, por lo tanto, en el método. SARTORI al ampliar la enumeración de BOBBIO hice un agrupamiento de características distintas entre filosofía e ciencia que como “orientación” afirma ser suficiente. De este modo la acepción “filosofía” contendería (1) deducción lógica; (2) justificación; (3) valoración normativa; (4) universalidad y fundamentalidad; (5) metafísica de esencias; y (6) inaplicabilidad.         

  A par de eso, SARTORI  destaca el siguiente dilema: “si debemos incluir enteramente la teoría en la filosofía o en la ciencia según los casos, ¿o mantener la teoría como un tertium genus que existe de por sí? A su modo de ver es indudable que la teoría política es un tertium genus, pero es el género que prepara y sirve de puente en la prolongada transición de la filosofía política a la ciencia política entendida estrictamente. También la teoría política podría ser definida en lo que tiene de irreducible, como el modo autónomo (ni filosófico ni científico) de “ver” la política en su propia autonomía.

 

V.3. – Investigación y aplicabilidad

 

Si no existe la ciencia sin la teoría, para SARTORI la diferencia de la ciencia para la filosofía no es solamente teoría. La ciencia es también aplicación, traducción de la teoría en práctica. La ciencia no es teoría que se agote en la investigación, sino también teoría que se prolonga en la actuación práctica. En ese paso, son  dos los elementos que la ciencia se utiliza: (1) la investigación como instrumento de validación o de fabricación de la teoría; y (2) la dimensión operativa que implica en la posibilidad de traducir la teoría en práctica. Una teoría operativa o aplicable es una teoría que se traduce en práctica conforme ella fue prevista. Hay una correspondencia entre el resultado y el propósito. La filosofía política, todavía, desde Platón a Marx, ha fracasado pelo hecho de que como “programa de acción” ella resulta inaplicable como, de manera general, todas las filosofías[8]. De hecho, para SARTORI, la filosofía no es un pensar para aplicar, pero reconoce que desde hace milenios el hombre haya intentado aplicar a su sociedad programas y derivaciones especulativas.

 

V.4. – La línea divisoria lingüística

 

El saber científico como un saber aplicable necesita de un instrumento lingüístico adecuado. Pero la filosofía y la ciencia son usos lingüísticos diferentes en función de sus preguntas de fondo: el por qué y el cómo. SARTORI ejemplifica que en la filosofía, la explicación subordina la descripción, mientras que en la ciencia, la descripción condiciona la explicación. Es verdad que todo saber “explica” pero la diferencia está dada por la investigación. La explicación filosófica no comprueba los hechos; los sobrepasa y los transfigura. La explicación científica, que presupone la investigación, emerge de los hechos y los representa.

La llamadas “definiciones operacionales” que se observa cuando una ciencia tiende a definir sus propios términos en función de las “operaciones” que permiten su comprobación empírica – es un requisito inherente a la relación entre la teoría y la investigación. Se filosofía y ciencia son diferentes los respectivos instrumentos lingüísticos también lo son. Acrece que la filosofía tiene un uso metaempírico del lenguaje siendo que las palabras ganan un significado “ultrarrepresentativo” en su busca del  “sentido”, de la “esencia” y de la justificación. La ciencia, por el contrario, desarrolla un vasto vocabulario denotativo, o sea, observador-descriptivo, en el cual las palabras significan lo que representan. Es este uso descriptivo-perceptivo del lenguaje – subraya SARTORI –  que lo hace idóneo para la conversión de la teoría en práctica.

 

V.5. – Cientificidad y no valorabilidad

 

En ese punto SARTORI pasa a examinar cómo se pasa de la acepción lata a la acepción estricta de la disciplina. Un elemento común es la elaboración de un lenguaje. Así, toda ciencia se presenta, a este respecto, (1) como un lenguaje conceptualizado, que se construye a partir de la reflexión sobre la propia instrumentalidad;  (2) un lenguaje crítico, en el sentido de que nace por la corrección de los defectos o carencias del lenguaje común u ordinario; (3) un lenguaje especializado que desarrolla un vocabulario técnico y esotérico; y (4) un lenguaje que permite la acumulabilidad y la repetibilidad.

 Visto ello, SARTORI resume las diversas etapas y momentos del procedimiento científico y, después de la fase clasificatoria, siguiere el momento de la explicación causal y de la sistematización teórica. Cuando al método de control más eficaz para la ciencia política, entiende SARTORI que ésta recurre cuando puede al tratamiento estadístico, pero “los datos cuantificadores de que dispone suelen ser insuficientes, o muchas veces triviales, y a menudo de dudosa validez. Se infiere de ello que en la mayoría de las ocasiones el politólogo no tiene opción; debe recurrir al control comparado y, como hipótesis subordinada, al control histórico.”

La fase propiamente científica de la ciencia política tuvo inicio acerca de los años cincuenta en el bojo de la llamada “revolución behaviorista.” Con efecto, esta fase presenta la aplicación efectiva del “método científico” al estudio de la política, el cual se refleja en tres distintas etapas: la investigación, la cuantificación, la matematización – que, por su vez, reciben influencia de los siguientes principios:    (1) la búsqueda de la regularidad y la uniformidad; (2) la subordinación de toda afirmación a la comprobación empírica; (3) la adopción de métodos y técnicas de investigación precisos; (4) la cuantificación; (5) la no valoratividad.

 

VI – CONCLUSIONES

 

Para SÁEZ, en su primer texto sub enfoque, la enseñanza y los politólogos deberían caminar en dos direcciones distintas, pero simultáneamente: el  “para qué” de su actividad y el “a través de que medios”. Así, el estudio de ciertas instituciones, la investigación aplicada podría no solamente quedarse en el nivel descriptivo o explicativo, sino que llevaría a la recomendación de reformas institucionales. Cuanto a la sociedad, podría contribuir para la resolución y análisis de cuestiones aun no resultas o mismo para enfrentar los nuevos desafíos. Ese sería el correcto papel de la ciencia política y de la orientación que debería tener el sentido del proceso intelectual.

Cuanto à gobernabilidad, estabilidad y sistema político, SÁEZ aproximase de la idea de DAHL cuanto à “inevitabilidad del cambio” , en el sentido de que tarde o temprano se producen cambios y que la vida política tiene sus propios riesgos siendo de su característica la presencia de una grande dosis de incertidumbre. Demás, SAEZ recoge en ALMOND y POWELL el planteamiento de que el sistema político tiene hasta cuatro retos en sus perspectivas de cambio: la construcción del Estado; la construcción nacional; el problema de la participación; el problema de la distribución del bienestar. Estos retos, junto con los subconjuntos constitutivos del sistema político, conforman, en la visión de SÁEZ una guía elemental en el análisis de situaciones de ingobernabilidad.

El texto de CAMINAL BADIA indica que es posible sí un conocimiento científico de la realidad política. Para tanto, es necesario comprender científicamente la realidad política e sus procesos de cambio, y los estudiar con una metodología y un objeto de análisis político. Exactamente lo que fue muestreado, con riqueza de detalles, por SÁEZ en su primer texto. Para CAMINAL BADIA  tanto cuanto para SAEZ  el análisis político incluye el poder, el Estado como también, y sobretodo, la organización y funcionamiento del sistema político siendo que el método empírico e las técnicas estadísticas pasan a ser utilizadas pelo politólogo. El objeto nuclear de la ciencia política está en descubrir y explicar cómo se gobierna una sociedad determinada, incluyéndose  el elemento político, el económico e el cultural.

SARTORI envereda pelos caminos de la cientificidad y no valorabilidad; do que es filosofía e do que es ciencia; da investigación y aplicabilidad; para entonces demarcar el campo de actuación de la política como ciencia. Hay, de hecho, un hilo conductor en los cuatro trabajos, todos de valiosísimo saber científico, sobretodo cuanto al método y objeto de análisis político. SARTORI preocupase, todavía, con la reducción de la ciencia política al dominio de lo cuantificable, o sea, es saber se los datos cuantitativos disponibles son “relevantes” a los fines de los problemas que se plantea el politólogo. La advertencia es para que la ciencia política no se torne una ciencia “exacta” sobre “cosas triviales”. En esta dirección, concluye que los frutos de la investigación no se contabilizan únicamente en el plano de la información, sino en el plano de la creación de un lenguaje observador-perceptivo, bajo el enfoque de una verdadera disposición empírica.

Por todo lo expuesto, y dentro de las reducidas páginas de esto trabajo, es lo que pudimos hacer, pero con un sentimiento engrandecido pelo hecho de habernos analizado obras consagradas y tan importantes para la moderna ciencia política.  


[1] * Texto del profesor Manuel Alcántara Sáez: ALCÁNTARA SÁEZ, Manuel (1993). “Cuando hablamos de ciencia política, ¿de qué hablamos?. Revista Mexicana de Sociología. N. 4, págs. 147-178

 [2] * Texto del profesor Manuel Alcántara Sáez: ALCÁNTARA SÁEZ, Manuel (1994). “Gobernabilidad, crisis y cambio”. Centro de Estudios Constitucionales. Madrid. Reimpresión en Fondo de Cultura Económica(2004). Págs. 42-59

[3]  Texto del profesor Miquel Caminal Badia: BADIA, Miquel Caminal (…). “La Política como ciencia”. Págs.19-34

[4] Así, con o tiempo, puede ocurrir o fenómeno overshoot (Meadows y Randers -1992), o sea, la incapacidad de actuar a tiempo, para la resolución de los conflictos sociales, antes del límite a partir de cual no hay solución o retorno.

[5]

(a)    – la ampliación del derecho de participación política y el reconocimiento  del sufragio universal masculino con independencia de la condición social;

(b)    – el reconocimiento del pluralismo político y de la posibilidad de impulsar, canalizar y organizar  concepciones políticas distintas con igual legitimidad para acceder al gobierno del Estado;

(c)    – la integración de las clases sociales en el sistema político  poniendo fin a la exclusión política de la clase obrera;

(d)    – la configuración del Estado como sistema político cuyos actores fundamentales son los partidos políticos.

 

 [6] Es tan absurdo mantener la opinión de EASTON (1953:p.106): “ni el Estado ni el poder son conceptos que sirvan para llevar a cabo la investigación política”, como sostener la contraria: “toda la investigación política es poder y es Estado”.

 [7]  Texto de GIOVANNI SARTORI : La política como ciencia, in La Política, lógica y método en las ciencias sociales, págs. 225-260

[8]  SARTORI aduce que si una teoría es factible, lo debe demostrar en su hacerse. Y el hacerse del marxismo ha demostrado, de medio siglo a esta parte, no la unidad sino la disyunción entre la teoría y la praxis.(…) El marxismo querría ser una filosofía de la praxis; pero el consenso histórico resulta ser lo que es: una filosofía sin praxis, una teoría sin actuación pgs.242-243, ob. cit.

 

Bibliografía

 Manual de Ciencia Política, Miquel Caminal Badia, Madrid, Editorial Tecnos, 4ª reimpresión, 2004.

 Elementos de Teoría Política, Giovanni Sartori, versión de Maria Luz Morán, Madrid, Alianza Editorial, 1999.

 Las tipologías y funciones de los partidos políticos, Manuel Alcántara Sáez, in Curso de partidos políticos, Ediciones Akal, Madrid, ES, 2003, págs. 37-57.

 La agenda política desde la perspectiva de los diputados: los problemas de la vida política cotidiana, Manual Alcántara Sáez, in Políticos y política en América Latina, Fundación Carolina, Madrid 2006, págs. 117-137.

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UNIVERSIDADE DE SALAMANCA (año 2005); Programa de Doctorado “Procesos Políticos Contemporáneos”;  Curso: Conceptos fundamentales de ciencia política; Tema: LA DISCUSIÓN CONCEPTUAL. EL SISTEMA POLÍTICO; Resumen escrito de las lecturas de la lección “La discusión conceptual” ministradas por el Profesor Manuel Alcántara Sáez. Alumno del doctorado: Sergio Victor Tamer

 

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